domingo, 28 de noviembre de 2010

La conquista de LA MAROMA

La conquista de LA MAROMA
Nos vemos las caras otra vez Maroma, pero esta vez te vemos la cara norte. Han pasado 3 semanas y…  cuánto blanco, cuánta nieve ¿cómo puedes estar tan ‘de punta en blanco’? En esta ocasión, el verte de lejos ha supuesto una grata sorpresa, no ha habido desilusión por ver una montaña pelada, sino todo lo contrario, el manto blanco que te cubría
nos hizo pasar a todos por la mente que, por fin, después de mucho tiempo para algunos y por primera vez para otros, nos pondríamos las ansiadas polainas, los ‘atractivos’ crampones y empuñaríamos el imponente piolet.
El camino hasta el punto de partida muy directo y cómodo, excepto una última parte un poco bacheada, pero que nada tenía que ver con la ruta de la cara sur. Llegamos a una venta, de la cual no me acuerdo el nombre (¿y tú Mohicano?), en la que nos tomamos un buen desayuno. La venta se caracterizaba porque allí era todo grande. Una chimenea que era la pared de mi salón entera, una cabeza de jabalí impresionante, increíble la cabeza y el cuello del bicho, una calabaza enorme y una pata de ¿jamón?, 3 veces mayor que las demás que la acompañaban; llegamos a la conclusión de que esa pata sería del jabalí. De verdad, impresionante.
Comenzamos la ruta, diez y diez de la mañana. Temperatura perfecta, día despejado, apenas nubes, todo va a pedir de boca,… excepto los palitos del Mohicano. La mala pata que tiene siempre con los palitos no es normal. Bueno, pero no nos cebaremos con eso, que bastante caña se le dio en su momento, ;-) ¡Ay si hubiera venido el Curtis!
Primera parte de la subida, el Robledal. Esta parte la podría dividir a su vez en dos partes mas; una primera en la que el camino es eso precisamente, un camino forestal en el que pueden ir perfectamente los ‘quads’ y otros vehículos como motos y 4x4; y luego una segunda parte en el que el camino se convierte en un sendero. Aquí empieza lo bueno, aquí empezamos a coger altura de verdad y a ver los primeros paisajes bonitos. Y una de las cosas que descubrí en esta parte de la subida es que los paisajes, no sólo se disfrutan con el sentido de la vista. El oír un río de fondo, varias decenas de metros más abajo de donde tú estás, le da un añadido al paisaje digno de disfrutar. La última parte del sendero es una subida rompepiernas, un desnivel muy pronunciado que provoca un gran desgaste de energía. Pero las vistas al llegar al punto donde ya sólo se ven las copas de los árboles, vaya si merece la pena llegar hasta ahí. El cielo totalmente despejado y Sierra Nevada al fondo.
Comenzaba la cuarta y última parte de la ruta. La pedrera.
Serían las 15:15, un grupo de tres personas que estaban allí nos dijeron que nos quedaría en torno a media hora, o tres cuarto de horas a lo sumo. Estuvimos deliberando qué hacer, porque temíamos que la noche se nos echara encima en el camino de vuelta. Al final decidimos andar hasta las 16 y ver hasta dónde habíamos sido capaces de llegar. Había que subir una ladera de una montaña, toda llena de rocas, el camino estaba muy bien marcado y se subía bastante bien. Impresionaba mas a la vista que lo que realmente era luego cuando ibas superando unas rocas tras otras. Se hacía rápido y bien…  finalmente, allí estaba. Que maravilla, me faltó ponerme a correr.

Estaba a punto de llegar a la cima, ¡a la mitad del camino! Efectivamente, en escasa media hora estaba llegando a la cima.
En este punto de la subida, la experiencia que puedo contar es muy personal; me imprimí un ritmo fuerte, me encontraba pletórico físicamente. El Romano estaba a unos 5 o 10 minutos y casi lo perdía de vista en muchas ocasiones. De verdad que sólo me faltó correr, la sensación que tenía era como si, a medida que me iba acercando a ese gigantesco vértice geodésico, un poder de atracción me llevase en volandas. Había un cervatillo por allí por la cima, imagen muy bonita. También se veían dos cabezas, era la pareja que nos había adelantado a la altura del Salto del Caballo, donde paramos a comer. Ellos estaban comiendo allí en la cima, con un hornillo de gas. Nada mas llegar a la cima, me quité la mochila y subí los 3 o 4 metros que tiene el vértice geodésico. ¡Impresionante! Que vistas, que maravilla, que sensación de libertad, de vida. Me aferré al vértice como si fuera mío, y allí en lo más alto, esperé al Romano; yo lo veía muy lejos, y  él me veía a mi muy alto :-D
Cuando se acercó, me dijo que el Neurona y Mohicano habían decidido no subir, porque iban bien, pero demasiado lentos. Por supuesto que la conquista de la cima y de este vértice geodésico tan peculiar, está dedicada a todo el grupo PaChiLoFeOs. Nos hicimos fotos en lo más alto, pero primero uno y luego el otro, porque allí arriba, ‘2 son multitud’. Y la chavala que estaba allí nos hizo varias fotos en la base del vértice. Disfrutamos poco tiempo, pero de manera muy intensa.
 
Iniciamos el descenso y en pocos minutos nos encontramos con el Mohicano y el Neurona Osborne; estaban muy satisfechos por lo que habían conseguido. Es de agradecer a Lolo que, aún pudiendo haber subido a la cima, decidiera parar porque entendía que retrasaría al grupo y el tiempo se nos echaría encima a todos, así como a Paco por el hecho de quedarse con él. Fue una decisión tan dura y responsable, como generosa; generosa por parte de los dos; por mirar primero por el interés de los Pachilofeos como grupo, antes que por el interés personal de llegar a una cima. Las fotos que se hicieron el Neurona y el Mohicano son dignas de contemplar detenidamente. El recorrido total fue de 9  horas, 6 de subida y 3 de bajada. Disculpad si me he extendido demasiado, pero 9 horas de ruta andando, mas otras 8 horas en coche, dan para muchísmio.

¡Que maravilla la Maroma!


José Miguel Montaño Suárez
(El Chico Almodovar)