domingo, 28 de noviembre de 2010

¿Tú te acuerdas de lo que comiste ayer?

Qué gran día, grandísimo, en todos los sentidos, maravilloso. Otro día
para recordar siempre, para guardarlo en un lugar privilegiado de la memoria,
para que siempre esté ahí. ¿Tú te
acuerdas de lo que comiste ayer?
(Romano dixit), probablemente tengas que
hacer un pequeño esfuerzo por recordarlo, y se te olvidará en poco tiempo, pero
esta vivencia como es subir estas dos maravillosas montañas, simplemente no se
olvida. Qué vistas, qué día tan maravilloso nos ha hecho, ni una sola nube que
nos impidiera ver El Terril, Torrecillas, Reloj, Simancón, Torreón (El
Majestuoso), Cerro Coros, San Cristóbal, la Sierra de Líjar,… el Embalse de Zahara, Zahara de
la Sierra,
Olvera,… Todo esto desde dos puntos de vista, Las Grajas y Lagarín, y de una
sola tacada.


Con vuestro permiso, bautizaré a estas dos montañas como Las
Encantadoras, porque la sensación que me han producido el conquistarlas es algo
así como si, algo que tú deseas tener, algo que tú anhelas, algo a lo que le
das un valor incalculable, viene una persona que apenas conoces de nada, y te
la da, como si tal cosa, ‘Toma, para ti’,
con una amabilidad, una sinceridad y una sencillez que las hace grandes. No
quiero decir con esto que son montañas fáciles de subir, ninguna lo es, y éstas
también requieren su esfuerzo y su precaución, pero sí es verdad que, dándoles
ese esfuerzo y respetándolas, se hacen muy bien, y en una mañana de un sábado
cualquiera, vuelves a casa con una satisfacción y con unas imágenes en la
retina que son difíciles de plasmar en una crónica. También se pueden
considerar Encantadoras por la primera de las acepciones del significado de
dicha palabra, puesto que son montañas que, cuando las bajas, es cuando te das
cuenta de todo lo que has subido realmente. Un desnivel bastante considerable.




A la entrada del pueblo de El Gastor, hay un monumento en una rotonda
que dice ‘El Gastor, balcón de los pueblos blancos’… es fácil adivinar el
porqué de esa frase.





También hay que hacer mención especial a Paco en referencia a un tema
importante como es su fobia a las aves. Según la RAE, fobia
es un temor irracional compulsivo. Me llama la atención lo de
‘irracional’, porque realmente es así, es algo superior a uno mismo,
incontrolable. Y tener el valor y el coraje de hacerle frente a ese temor, como
le hizo Paco a los enormes buitres que sobrevolaban en nuestras cabezas
llegando a la cima de Las Grajas, es digno de elogio. Sobretodo, cuando uno de
esos buitres, que aparecía de vez en cuando, era comparable al Airbus A400M.
Verdaderamente impresionante. Él no quería ni mirar hacia arriba, pero era
inevitable ver en el suelo la sombra de estas aves. Pasó un momento de
verdadero temor, por eso, gracias Paco, por tu valor y tu coraje.




La crónica de esta salida se podría resumir en una sola palabra… perfecto. ¿Qué tal ha ido el viaje?
Perfecto. ¿Y la subida que tal? Perfecta. ¿Y el tiempo? Perfecto. ¿Buenas
vistas? Perfectas… Todo perfecto.




Pero por detallar un poco más la mañana de este sábado 6 de febrero de
2010, deciros que salimos de Sevilla a las 6:30 de la mañana y que estábamos de
vuelta en casa a las 15:00. Desayunamos en El Gastor, en el bar de la plaza del
pueblo, donde está el Ayuntamiento, no falla. Iniciamos el ascenso a las 9:15,
y en una hora aproximadamente estábamos en el collado que unen las dos
montañas, llegando al punto más alto de las Grajas unos 40 minutos mas tarde.
Luego, llegamos al vértice geodésico del Lagarín tras una hora y cuarto
aproximadamente, increíble la estampa de los buitres posados en la silueta de
la montaña. Hicimos el descenso en poco menos de una hora, incluso habiéndonos
parado a hablar con unos simpáticos senderistas de Guadalcacín, pedanía de
Jerez, a los que la primera subida, una cuesta bastante pronunciada, los habían
‘matado'.


Durante la ruta cabe destacar el Dolmen del Charcón (lugar de visita
turística), una importante sima de varios metros de profundidad, un paso para
que no crucen los animales cuadrúpedos, y sobretodo, otro detalle nada
turístico, pero que sí nos resultó muy curioso, como son las escaleras que nos
encontrábamos por el camino para sortear el vallado. Ni una sola puerta tuvimos
que abrir y cerrar. Si había una valla, literalmente había que pasarla por encima.




Como siempre, estas montañas están dedicadas a los que no habéis
podido venir, a todos, Oscar, Lolo, Fernando, José Antonio y Rafa. Espero que
con las fotos, los videos y con estas palabras, hayáis podido sentir al menos un
poquito las sensaciones de esta subida. 




Hasta la próxima



José Miguel (Chico)