domingo, 28 de noviembre de 2010

La Maroma. Decepción y frustración

La Maroma. Decepción y frustración.
 
Que bien pintaba la subida a La Maroma, que buen día se intuía que iba a hacer, el cielo despejado, todo bien preparado,... la única pega, la ausencia de Curtis, pero también un motivo, un aliciente, una razón más para subir y dedicar el triunfo al miembro más cachondo del grupo, que no está pasando por su mejor momento.
 
Antes empezar a narrar nada, una clave, una frase, una pregunta en el aire lanzada por el Mohicano, y unas miradas entrecruzadas con el Romano a las 6 de la mañana mientras esperábamos al Neurona Osborne…
“¿Nos vamos al Veleta?”
 
El recorrido en coche muy largo: Sevilla, Antequera, Málaga, Velez-Málaga, Canillas de Aceituno, Sedella, Salares y... la muerte a pellizcos. Desde la Autovía del Mediterraneo ya veíamos hasta donde tendríamos que subir, se veía la montaña de La Maroma,... ¡Vaya leña! como diría nuestro querido Curtis. Con esta vista desde la lejanía llegó la primera pequeña decepción, poca nieve se vislumbraba, queríamos pensar que desde otra perspectiva nos encontraríamos más blanco, pero no fue así. Esta semana ha hecho mucho sol, mucho calor y se veía bien a las claras que había menos nieve de la que nos esperábamos. Fue una pequeña decepción, pero las ganas de conquistar la montaña habían crecido, porque verdaderamente impresiona el tremendo peñascazo que es La Maroma.
 
Paramos a desayunar en Canillas de Aceituno. Magníficas las indicaciones del lugareño... "Izquierda, derecha,.. y nos encontraremos con ¡una farola!" ¿Es que sólo hay una farola en el pueblo? El hombre lo hizo con toda su buena intención y efectivamente, a pesar de que había mas farolas en el pueblo, supimos a cual se refería. Eso sí, hubiera sido más fácil para el buen hombre y para nosotros decir, siga la carretera por donde les obliga y encontrarán el bar... o dicho en andalú.. 'sigue pa´lante y yastá'. Gracias al Romano y su poder de convicción pudimos aparcar en un lugar prohibido sin riesgo a multa alguna, a pesar de la cara de pocos amigos del municipal. El bar, el típico de pueblo, con sus 5 o 6 tipos y sus respectivas copitas de coñac, y por supuesto, su pareja de guiris. El café muy bueno, las tostadas aceptables.
 
Seguimos el trayecto, muchas curvas hasta llegar a Sedella. Creo recordar que pasamos de largo por Sedella y llegamos hasta Salares, donde se acabó la carretera, allí preguntamos a otro lugareño, esta vez un chaval. Otra pequeña decepción:
 
- "perdona, ¿para llegar a las Llanuras de Sedella?"
- "os habeís pasado la salida para subir, es por allí detrás, pero... hasta allí no podéis subir eh? Con un todoterreno a lo mejor sí, pero con un coche (un turismo) no"
- "vale, gracias. Hasta luego"
 
El chaval nos desmoralizó un poco a todos, excepto al Mohicano Pantenne, que sabía a qué se refería perfectamente. El camino que nos esperaba a partir de ahora era un camino forestal; eso sí se sabía y empezamos a 'subir'. El camino desde el primer momento era difícil, grava, baches, socavones, estrechez,... (mejorará pensábamos todos). Llegaron las primeras dudas,.. un desvío con una importante subida (apenas estábamos ascendiendo) pero el camino estaba cortado por una cadena. Ni con un todoterreno hubiéramos podido pasar, y precisamente, se acerca un todoterreno azul, esperemos y preguntemos... ¡Guiris! Según él tenía entendido, debíamos seguir para adelante, él también pretendía ir hasta allí, sigamos este camino entonces,... y el camino que, en lugar de mejorar, se pone más difícil. En pocos minutos perdemos de vista el todoterreno, pero un detalle nos llena de nuevo de esperanzas, un Renault Clio viene en sentido contrario. Si un Clio viene de allí, ¿cómo no va a llegar el 'ChicoMóvil'?, un Skoda Fabia con más de 100 mil kilómetros. Llegamos a un cruce,.. ¿Izquierda o derecha?, izquierda por supuesto, sino nos alejaríamos de nuestro objetivo.
Un servidor conducía y a mi izquierda tenía la ladera de la montaña, Mohicano iba de copiloto y a su derecha,... ¡Ay lo que había a su derecha! Yo no sé si estaba midiendo la altura a la que estábamos porque miraba el altímetro de su reloj, o por el canguele que tenía cuando echaba la vista a su derecha. Habíamos cogido cierta altura, pero no lo suficiente, apenas estábamos ascendiendo nada. Recorrido muy largo, y muy despacio, en dos ocasiones le di a los bajos del ‘Chicomóvil’. Me dolió hasta el alma. La cosa se ponía muy fea, el todoterreno azul que nos adelantó y nos sacó ventaja en pocos minutos, venía de vuelta. Se había hartado y dijo que probaría por otro camino que estaba señalizado con una señal de prohibido el paso excepto vehículos autorizados. Nosotros seguimos, sabíamos que íbamos por el camino correcto. Todo esto sin llegar a meter la segunda marcha, todo el tiempo en primera, embrague y freno. Giramos a la izquierda en una curva y otro inconveniente. Había que bajarse para quitar piedras del camino. Paramos, pensamos. Veíamos el cortafuegos que teníamos que cruzar, tras el cortafuego, la carretera seguía más allá hasta no se sabe donde. Desde luego, hasta donde nos alcanzaba la vista, calculábamos una media hora sin duda. Era demasiado tarde.
 
Estudiamos todas las posibilidades, excepto la de seguir, entre otras cosas, porque, aunque el ‘Chicomóvil’ se había portado como todo un campeón, ya llevaba una paliza muy grande.
Demasiado tiempo de esta manera y la carretera no mejoraba, además, teníamos que pensar en la vuelta. Teníamos que pensar que cada metro más que recorriéramos, cada metro con sus baches, sus piedras, su grava, su estrechez.., había que multiplicarlo por dos (La cima es la mitad del camino).
 
Cabeza fría y decisión muy dura, tremendísimamente dura. Sabíamos que estábamos cerca. Pero Chicomóvil no avanzaría ni un metro más, ni se quedaría en aquel maldito camino. 
 
Llevábamos muchas horas en el coche y nos teníamos que volver sin habernos bajado siquiera. Sentimientos de decepción, desilusión, frustración, impotencia, rabia,… y el recuerdo de esa pregunta que en el aire quedó, ¿el porqué de esa pregunta? Ahora estaba claro. Así de dura puede llegar a ser la montaña. Eso sí, nunca debemos catalogarlo de fracaso, puesto que hemos hecho todo lo posible, y como dice el lema de un grandísimo jugador de fútbol, Non c´è sconfitta nel cuore di chi lotta (No hay derrota en el corazón del que lucha).
 
Hasta aquí la primera parte de esta decepcionante aventura que ha sido La Maroma en el día de ayer, 21 de febrero de 2009.
 
Y digo la primera parte, porque la historia continúa… Esta vez en el intento de subir la famosa montaña del Indio
en Antequera, o también llamado Peñón de los Enamorados. Intensísimo día el de ayer… Más que un partido de tenis Lengua fuera
 









  El Chico Almodóvar.